Hijos de Heracles: El nacimiento de Esparta
 
 

La creación de Hijos de Heracles: El nacimiento de Esparta, supuso un reto enorme.

La idea central de la historia surgió con el deseo de narrar la vida de dos hermanos enfrentados entre sí, en una época de batallas y cambios políticos. Además, la intención era la de colocar a ambos personajes en un ambiente muy austero y militar, por lo que la necesidad de conocer el modo de vida espartano era algo que me pareció básico.

Comencé entonces a leer algunos clásicos, La Illiada, La Odisea… pero La República de los Lacedemonios, de Jenofonte, fue una lectura fundamental para esta novela, pues el famoso historiador griego transmite como nadie los motivos de aquellos hombres excepcionales para mantener la actitud con la que se enfrentaban a la vida.

Armado con esos datos, comencé a crear una historia completamente alejada de la novela histórica. Un día le envié a un buen amigo los primeros capítulos para que me diera su opinión. Es un buen escritor y respeto mucho su opinión. Los leyó con voracidad, como hace siempre, y entonces me dijo que le gustaba la historia que narraba, pero que debía perder el miedo a escribir una novela histórica, pues estaba escribiendo una novela sobre Esparta, aunque yo pensara que estaba escribiendo otra cosa.

Debo reconocer que, en verdad, ya había pensado en esa posibilidad, pero la idea de escribir novela histórica me aterraba. Es un género muy complejo y exigente y me infundia un gran respeto. Finalmente, animado por aquellas palabras de Leonardo Ropero, decidí buscar un periodo histórico interesante y que me permitiera contar la historia que tenía en mente.

Fue entonces cuando, releyendo la magnífica monografía sobre Esparta del profesor César Fornis, «Esparta, historia, sociedad y cultura de un mito historiográfico» (crítica Arqueológica, 2003) descubrí un momento de la historia de Esparta que se me reveló como el idóneo para mi historia: el periodo comprendido entre finales del siglo VIII a.C y el inicio del siglo VII a.C. No sólo había una diversidad de opiniones sobre quién había sucedido al rey Teopompo, si fue su hijo Arquidamo, o lo hizo Anaxándridas, lo que me permitía jugar con la historia de los dos hermanos que tenía en mente, sino que, además, era un periodo muy convulso, incluyendo las guerras mesenias, revueltas internas en la polis espartana y grandes cambios socio-culturales y legislativos.

Todo ese clima proporcionaba un telón de fondo maravilloso, pues permitía varias líneas argumentales de gran profundidad y calado, a la vez que me permitía elucubrar con algunas cuestiones de lo más interesantes: ¿podría ser Teopompo el originador de las leyes espartanas, en lugar de Licurgo? ¿Qué hizo que Esparta diera la espalda al esplendor cultural que vivía en aquella época?  ¿Qué llevó a que la sociedad espartana adoptara con tanta pasión unas leyes tan terribles como la que les obligaba a arrojar a sus hijos por un barranco ante la menor deformidad? Todas esas cuestiones ofrecían una maravillosa oportunidad para desarrollar teorías propias, amparándome siempre en diversas cuestiones históricas, por supuesto.

Pero los retos estaban por llegar… El periodo histórico tratado en Hijos de Heracles: El nacimiento de Esparta, está tan alejado de nosotros que prácticamente no disponemos de información sobre él. Los especialistas no se ponen de acuerdo  en genealogías, cronologías, personajes… Y para empeorar las cosas, de la Esparta arcaica apenas quedan unas pocas piedras dispersas, ni un solo edificio.

Eran muchas las cuestiones que necesitaban una explicación antes de empezar a escribir, pero carecía de ella. Consulté entonces multitud de artículos y libros, aunque había cuestiones que se me escapaban. Un claro ejemplo es el de la cronología, ya que, dependiendo de a qué fuente me dirigiera, encontraba unas fechas u otras, lo que suponía un grave problema en una novela histórica. No dudé entonces en buscar la ayuda de especialistas. En ese sentido, la ayuda de César Fornis resultó fundamental, pues durante varios meses contestó con una maravillosa amabilidad a todas mis preguntas.

Todo esto, y algunas cosas más, es el origen, el germen de la historia, que puso las bases para la narración que se desarrolla en Hijos de Heracles: El nacimiento de Esparta. Una historia de grandes pasiones, de relaciones tormentosas. Una historia de por qué, y cómo, Esparta llegó a convertirse en una nación que jamás pasará al olvido.

 

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