Hijos de Heracles: El nacimiento de Esparta

 

 
 

Hijos de Heracles: El nacimiento de Esparta, presenta información que puede parecer sorprendente, e incluso poco rigurosa en sentido histórico, pues se aparta de determinados hechos que, tradicionalmente, se dan por ciertos.

Como principal base de documentación para la novela, se utilizó la magnífica monografía del profesor  César Fornis, doctor en Geografía e Historia por la complutense de Madrid y actualmente profesor de historia antigua en la universidad de Sevilla, titulada: Esparta: Historia, sociedad y cultura de un mito historiográfico. Gran parte de los argumentos que se presentan a continuación están basadas en dicha monografía.

Aquí se presenta un listado con algunas cuestiones que pueden parecer erróneas, y la explicación de las tesis que se han seguido para desarrollar la novela.

 

Una de las tesis seguidas en la novela, identifica al famoso legislador de Esparta, Licurgo, con un personaje históricamente documentado, el rey Teopompo Euripóntida, a pesar de que sepamos que Licurgo era tío del rey Leobates, de quien fue regente, y que vivió más de cien años antes de que lo hiciera Teopompo. ¿No es esto un grave error histórico?

En su obra, Fornis declara abiertamente que la historiografía actual pone en seria duda la existencia real de Licurgo en base a diferentes aspectos: por un lado, el hecho de que se adjudique a la única persona de Licurgo la mayor parte de las “revoluciones” culturales y legislativas de Esparta, pero, en especial, el hecho de que no sea hasta el S. V a.c. que se le mencione por primera vez, en un poema de Simónides. Dicha falta de información sobre un personaje de tal relevancia es especialmente sospechosa en el caso de Tirteo (base principal para los principales especialistas de la actualidad para el estudio de la sociedad espartana), quien vivió hacia 700 a.c.  y Tucídides, quien no lo menciona al tratar la constitución espartana, pese a ser conocido el extremo rigor que lo caracteriza.

Por supuesto, hay diferentes corrientes de pensamiento: algunos especialistas, como Anthony Andrewes, declara que ve en la perpetuación de la persona de Licurgo “uno de los mayores fraudes de la historia”, mientras que otros, como George Forrest, indica que cree en la historicidad del personaje porque sin él “la revolución espartana sería como la revolución rusa sin Lenin”.

Incluso en épocas antiguas fue debatida la historicidad del personaje, pues Plutarco, en su vida de Licurgo, lo introduce indicando que “nada absolutamente puede decirse que no esté sujeto a dudas acerca del legislador Licurgo”.

Para el desarrollo de la novela se siguió la línea indicada por Fornis, partiendo del punto de que Licurgo no hubiera existido en realidad. Esto daba pie a una tesis muy interesante: identificar a Teopompo con ese mítico personaje, pues según algunos especialistas, e incluso algunas fuentes antiguas, fue Teopompo quien realizó algunos de los cambios atribuidos a Licurgo.

 

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Normalmente se acepta que, después de la muerte de Teopompo Euripóntida (circa 675 a.C.) se produjo un vacío dinástico, que fue cubierto por Zeuxidamas (circa 645 a.C.), y que a éste le sucedió (circa 625 a.C.) Anaxidamo, quien fue el padre de Arquidamo I. Además, Anaxándridas, -más concretamente, Anaxándridas II-, fue un diarca de la casa Agíada, aquea, y por tanto, nunca habría podido casarse con Circe, por ser ésta una doria. Y menos aún, porque Anaxándridas II, el histórico, vivió más de cien años después que Teopompo que, por tanto, no pudo ser su padre.

Se han seguido las dinastías Euripóntida y Agíada tal y como las enumera el profesor Fornis en su monografía, en la que mantiene la siguiente relación:

Procles

Euriponte

Pritanis

Polidectes

Eunomo

Carilo

Nicandro

Teopompo

Anaxándridas

Arquidamo

Anaxilao

Es verdad que hay cierta controversia sobre quién sustituyó a Teopompo como diarca euripóntida, y algunos mencionan no sólo a Zeuxidamas, sino incluso a Arquidamo, si bien unos dicen que este era hijo de Teopompo y otros nieto del mismo. Este hecho se menciona en la nota del autor que aparece al inicio de la novela.

Una de las principales dificultades de la novela era, precisamente, la cronología. En ese sentido, se solicitó la opinión del profesor Fornis para que verificara la cronología que se presenta en la novela, a lo que respondió que “era plausible”, si bien, no se podría ratificar con absoluta seguridad debido a lo escaso de la información fiable al respecto.

Ciertamente existe un Anaxandridas de la casa Agíada, que vivió hacia 550 a.c. si bien es evidente que este no puede ser el mismo que aparece en la novela. Éste, efectivamente, no podría haber contraído matrimonio con Circe al ser Doria, cosa que no ocurre con Anaxándridas, quien sí podría haberlo hecho al pertenecer a la casa Euripóntida, tal y como se indica en la novela.

       
Las respuestas del Oráculo de Delfos presentadas en la novela no se corresponden con las reales. Las históricas eran muy breves, generalmente una sola frase, y, sobre todo, anfibológicas, es decir, que podían interpretarse de varias formas. Sin embargo, las presentadas en la novela no dejan lugar a dudas sobre su significado y son excepcionalmente largas.

En los casos en los que en la novela aparece una respuesta oracular, se cita directamente de fuentes clásicas, si bien efectuando ligeros cambios a fin de “novelar” las palabras. A continuación, se cita un ejemplo del original y su correspondencia una vez novelada:

“nos trajeron este oráculo y versos infalibles que predijera por la Pitia Febo: “tengan el mando los sagrados Reyes, que son tutores de la amable Esparta, y los graves ancianos, luego el pueblo, y se confirmarán las rectas leyes””  (Plutarco, Vida de Licurgo, VI)

“Que el mando lo dispongan los sagrados reyes que son los custodios de la amable Esparta, junto con los sabios ancianos. Y luego, que el pueblo opine según el consejo de éstos. Así se confirmarán las rectas leyes” (Hijos de Heracles)

 
       

Esparta tenía éforos mucho antes de los tiempos de Teopompo. Por tanto no fueron creados por éste rey.

Este es un claro ejemplo de la tesis que sigue la novela: la de identificar a Teopompo como el Licurgo Mítico. Si seguimos la idea de que Licurgo existió realmente, es verdad que el eforado es anterior a Teopompo.

Pero ya se ha comentado que Hijos de Heracles: El nacimiento de Esparta, sigue un punto de vista distinto, el de muchos especialistas de la actualidad, que creen que Licurgo es una figura mítica.

Siguiendo entonces esa teoría, Plutarco, en su Vida de Licurgo, VII, I, menciona que es Teopompo quien crea el colegio de éforos:

“Sin embargo de haber templado así Licurgo su gobierno, viendo todavía sus sucesores una oligarquía inmoderada y demasiado fuerte, o, según la expresión de Platón, hinchada y ambiciosa, la contuvieron como con un freno con la autoridad de los Éforos unos ciento y treinta años después  de Licurgo, habiendo sido el primero en ser nombrado Éforo Elato, en tiempos del rey Teopompo, de quien se cuenta que, motejado por su mujer de que dejaba a sus hijos menor autoridad que la que había recibido le respondió: “antes mayor cuanto más duradera”

Este pasaje es, además, clave para el desarrollo de una de las líneas argumentales de la novela, que, evidentemente, no podemos desvelar aquí.

 
       
La diamastigosis, tal y como aparece en la novela, ocurría en los tiempos de la dominación romana, mientras que en la época descrita el ritual era completamente diferente.

La Diamastigosis sufrió diversos cambios a lo largo del tiempo y tiene varias vertientes oscuras. Fornis, por ejemplo, indica que las máscaras encontradas en el témenos de Ártemis Orthia y para las que se desconoce realmente su papel, pueden representar la dramatización de un rito de paso a la edad adulta.

Jenofonte o Platón describen el rito de la diamastigosis como un acto en el que un grupo de jóvenes debían robar una serie de quesos mientras que algunos adultos portando látigos intentaban evitarlo a base de latigazos. Algunos autores posteriores al S. II la mencionan como una competición de resistencia entre los efebos, que recibían los latigazos.

Este ritual fue tan llamativo en la época romana que incluso se llegó a construir un anfiteatro para albergar a los visitantes que acudían a presenciarlo.

Sin embargo, es posible que al principio la diamastigosis fuera un ritual diferente, en el que el joven espartiata era castigado a latigazos directamente en el altar de Ártemis.

 
       

La ceremonia de la kripteia incluía asesinatos de ilotas desde su origen, y éstos no se introdujeron posteriormente, tal y como se menciona en la novela.

Hasta hace relativamente poco tiempo, se ha estudiado a la Kripteia comparándola con otros casos de iniciación a la vida adulta que existen a lo largo de todo el mundo, en los que el joven debe, para cumplirlo adecuadamente, quitar la vida a otra persona.

En los últimos tiempos esto parece haber cambiado, y hay estudios que parecen indicar que había otras “Kripteias” en algunas otras Polis griegas. En estas, el objetivo no era el arrancar vidas a los esclavos, sino más bien el de vigilar las fronteras.

Hay rasgos que indican una gran antigüedad en el caso de la Kripteia espartana, pero, como siempre que hablamos de éste periodo, hay controversias y algunos especialistas opinan que no fue “Licurgo” quien creó esta institución si no que se creó tras la tercera guerra mesenia, fechada hacia 464 a.c. con el objetivo de reprimir a la población hilota.

Fornis llega en su monografía a la siguiente conclusión:
“La criptia se nos presenta por encima de todo como una dura prueba cargada de rasgos rituales e iniciáticos (…) como una parte de una educación que, prolongando la agogé, buscara fomentar la fuerza, la astucia y la inteligencia de una élite de ciudadanos destinada a dirigir la nave del estado. Esta finalidad primaria no estaría reñida con otra complementaria, la de controlar numérica e ideológicamente a la población hilota, que tendría un origen más tardío, probablemente en época clásica”.

De modo que nuevamente nos movemos entre varias aguas: ¿cuándo comenzó la Kripteía? ¿Y cuál era su función? En este caso parecía una idea especialmente adecuada la que se presenta en la novela. En primer lugar porque la Kripteia es un rasgo de la cultura espartana que no puede pasarse por alto en lo que a la educación de los jóvenes se refiere. En segundo, porque, si se pretende representar a Licurgo en la figura de Teopompo, es lógico pensar que la Kripteia se instauró en su tiempo, o en uno muy cercano a él, como parte del método de enseñanza militar. Y además, porque está en consonancia con otros movimientos similares que tenían lugar en Polis griegas.

 
       

La realización de la Agogé era obligatoria para disfrutar de la plena ciudadanía, ¿cómo es posible entonces que Arquidamo, el hijo de Anaxándridas, esté exento de ella?

Según Plutarco, los hijos de los reyes estaban exentos de realizar la Agogé puesto que su destino era mandar, y no obedecer.

Es verdad que Anaxándridas, en la novela, sí realiza la agogè, aunque debería estar, según Plutarco, exento de ella. El motivo para esto es que los reyes estaban siendo muy criticados en esa época por el exceso de privilegios que disfrutaban. Es lógico pensar que Teopompo estaría dispuesto a “sacrificar” a su hijo en la agogé, a fin de imponer su método de enseñanza, pues al fin y al cabo ya había hecho concesiones similares cuando estableció el eforado, institución que mermaba su propio poder real.